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Nunca se termina de conocer a las personas

Nota: Por obvias razones, los nombres de esta historia han sido omitidos. 
Se casó “de velo y corona” a los 19 años. 
Su esposo la vestía, elegía lo que era mejor para ella siempre, era una especie de muñeca en sus manos. Juntos tuvieron 3 hijos, todos seguidos.
Por la economía, se vieron forzados a emprender un negocio juntos, ambos lo atendían, como una pareja joven… se ayudaban entre ellos. 
Cuando los hijos llegaron, ella se dedicó más a su otra profesión: ama de casa. 
Cuidaba a sus niños y dejó de lado su carrera como esposa. 
Como suele suceder en esas situaciones, la gente “la alertó”, ya que “su marido podía haber estado en algo”. Ella no lo pensó dos veces, sabía que debía iniciar sus averiguaciones… Dejó a los bebés con su mamá, empezó a investigar y lo que le gustó no le agradó: 
  • Su esposo no era un él, en internet era “ella”.
  • Tenía “un” amante. 
  • Se consideraba “heterosexual” hasta que se casó… pero una vez que pasaron los años, fue sintiendo atracción hacia los hombres. 

Hoy, ella tiene 35, trabaja cada día para darle lo mejor a sus hijos, estudia una carrera y “para la olla” a punta de esfuerzos. 
Se divorció, pero como toda lección, algunas dejan huellas… a eso le atribuye una línea de expresión que tiene en la frente. … Todo esto me lo contó en menos de media hora y yo no podía parar de sorprenderme, pues hasta antes de ese momento, ella había sido para mí una compañera más. 
Uno nunca deja de conocer a las personas… Y siempre se puede aprender de las experiencias de otros. 
Yo la miraba impávida, me admiraba su fortaleza y ella me decía que hoy era lo más normal, pues los seres humanos somos curiosos por naturaleza. 
Y yo que creía que mi vida era complicada. … Siempre puede ser peor.

El tatuaje del seno izquierdo

Sorprendida al notarlo por su pronunciado escote en V, le pregunté – Eva, ¿Qué tienes ahí? –

La mujer notablemente sorprendida por mi pregunta me contestó – Es el nombre de mi anterior compromiso, Francisco –

La conversación surgió entre risas y a la vez muestras de abatimiento por parte de la mujer.

Eva había sufrído mucho en su vida, tuvo cancer de seno, se lo operaron 2 veces, habia estado en constantes quimioterapias… Sin cabello, vomitando lo que comía a causa de los medicamentos tan fuertes que le administraban en el area 0 de SOLCA.

Lo que más me admira de Eva en el poco tiempo que la conozco, es que a pesar de todo lo sucedido en su vida siempre tiene una sonrisa en el rostro, siempre presta a ayudar a quien lo necesite.
Supongo yo que las personas que tienen este tipo de calamidades son más humanas y menos materialistas.

Todos sabemos que vamos a morir algún día, pero cuando nos dan una fecha para esta muerte o “descanso eterno”, nos damos cuenta de la cantidad de cosas que nos hemos perdido por autodestruirnos con problemas vanales de cualquier indole.

Pero sigamos con la historia de Eva…
Francisco, su marido por más de 10 años, abusaba sexualmente de su hija menor desde que ella tenía 5 años, la niña de la que les hablo actualmente tiene 12 años, que por miedo nunca le mencionó nada a su madre en parte por las amenazas de su padrastro y en parte por cuidar la deteriorada salud de su madre.

Eva se enteró de esto hace un año casí, por terapia había decidido trabajar a sus 49 años, pese a tener hijos mayores que la mantenían.
Actualmente, su cancer sigue avanzando, esta vez… al utero.
Ella continúa la batalla, siempre con buena actitud y una sonrisa en sus labios.

Esta mujer en menos de una hora me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida y que quizás nadie más me la enseñará, no complicarse por huevadas y aprender a vivir la vida como viene, si te patea y te caes… ¡levantate!, la vida se hizo para ser vivida, no para estar sufriendo por situaciones del pasado.

Y yo que pensaba que nadie tenía problemas “más grandes” que los mios.

That’s All.