Una luz…

Me pregunto si tú serás el karma que me tocará pagar por haber cometido errores en el pasado, porque si es así, con gusto lo pagaría.
No sé sí perdí los libros o me he olvidado de todo lo que aprendí, pero es que no te pareces a alguien que yo haya conocido. Y eso es bueno y malo a la vez.
Bueno porque me encanta descubrirte y disfrutarte, sola, en silencio. Malo porque no sé con qué cosa saldrás… eres totalmente impredecible y me encanta.
Sí, otra de las cosas que me encantan de ti se suma a la lista de “cosas que me encantan de ti”, ¿Pero qué hacer?, el cielo no existe, al menos yo no creo en él, el limbo es esto y el infierno está sazonado con mi miedo, ese miedo de saber qué podría pasar si lo que hago no es correcto.
Pero quizás y solo quizás no sea todo cielo, limbo e infierno. Quizás haya una luz, esa luz que se encuentra en los detalles.

Calaveras y diablitos…

En estos días he parado un poco para hacer una reflexión.
Me gusta mi vida como está, pero eso no significa que no le quiera agregar más.
… Agregarte a ti, por ejemplo.
Pero, no das señales, si vives o mueres en mí… Solo estás ahí, como los microbios, los cueritos de los dedos  y los sostenes.
Bien me va a ir en la vida con esas comparaciones, pero es que no sé cómo explicar los instantes reprimidos, lo que significa para mí una palabra dicha por ti. 
Estoy en un estado de negación total, me da miedo tan siquiera creer que esto puede ser real.
No entiendo, quizás me niego a creer que algo sea tan perfecto o me niego a creer que tú no sientes esto.
O quizás me niego a creer que me equivoqué, pero tus ojos me dicen, a veces, que lo estoy haciendo bien.
Definitivamente, no te entiendo, pero a veces tampoco quiero entenderte.