Tengo una relación con alguien muy importante…

Les haré otra confesión: me siento incómoda con los halagos.
No porque sienta que no son honestos, al contrario, me agrada que la gente reconozca mi trabajo, que vean el sacrificio que hago a diario para poder ser una mejor profesional, con mis defectos, virtudes y mala memoria incluida.
Sin embargo, los halagos son armas de doble filo, te ayudan a mantenerte motivada/o, sí… es cierto, pero también ayudan a autoengañarse. Hay mucha gente fanática del autoengaño y por ser así, fracasan en la vida.
Lo último que quiero en la vida es fracasar, por eso, cuando reconocen que hago las cosas bien, respondo con un chiste y examino de parte de quien viene esa frase agradable. No es por desconfiada, sino porque las traiciones duelen más cuando son de alguien que aprecias o de alguien que te ve “con ojos de cariño”, por eso… cuando descubres que es por compromiso o por cariño y el cumplido era falso, te sientes mal, te sientes desilusionada.

No hay nada más feo que la desilusión, solo un encebollado sin limón.

Prefiero el autohalago, porque bien decía mi abuela, “si uno no reconoce que tiene lo suyo, entonces, ¿Quién lo hará?”, y es cierto. 
Como bien decía la gran filósofa de la época, Samantha Jones, de “Sex and the City”:  “Tengo una relación con alguien muy importante… Yo”.

Un buen partido

¿Quién decide si somos un buen partido o no?, porque quisiera saberlo. 
Parece que hay una regla o línea no definida que te cataloga como un buen o mal partido, o que te hace decidir si una persona es buena o no para ti.
¿Quién es ideal para ti y quien no?, ¿Cómo saberlo?, supongo que el corazón es el que te dice que alguien es para ti, pero… ¿Y si esa persona no te corresponde?, ¿Tú corazón te trolleo?
No sé, a veces pienso que es más fácil aprender álgebra lineal que descifrar los misterios del amor y todo lo que lo rodea. Como una amistad se puede convertir en gusto y como un gusto en amor. Y cómo puede suceder a la inversa, como el amor se convierte en pasión y la pasión se va acabando con la costumbre, la cual precede a la rutina y la misma es prima hermana del cansancio, el cual es mejor amigo del fastidio.
He pasado por todas estás etapas con personas que he querido y me han querido, sin embargo, cada persona es un universo, cada persona es tan distinta a la otra, que cuando sientes que vas en dirección correcta, todo puede fallar o todo puede funcionar. ¿Qué les diré?, no me considero una experta, pero de algo sí estoy segura: sé cuando algo es o no es para mí.
Está vez siento que ese “algo” es para mí, hay algo en el fondo que me hace pensarlo… Ahora solo falta descubrir si el corazón me trolleo o no.
That’s All.

Escribir cura…

Mi post anterior, sorpresivamente para mí, tuvo muy buena acogida. Me siento complacida con el hecho de que muchas personas hayan llegado hasta aquí y tengan la oportunidad de leer lo que pienso.
Debo admitir que no fue muy cómodo tener tanta atención, algunos leyeron y creyeron que mi idea era llamar la atención o, peor aún, hacerme la víctima por mi experiencia. Nada más lejos de la verdad… Mi idea era desahogarme de algo, como siempre lo he hecho, a través de los escritos que están publicados en está página, que bien o mal, está próxima a cumplir 7 años.
¿Quién diría?, empecé a escribir aquí cuando tenía 14 años. Pasé por muchas etapas, unas muy buenas otras muy malas. Les conté cuando fallecieron mis abuelos, cuando mi hermano tuvo su accidente, cuando inicié y cuando terminé relaciones, entre otras cosas. Escribir es una terapia para mí, siempre lo ha sido. Aquí puedo simplemente dejarme llevar por las palabras, mis pensamientos fluyen, no hay limitantes.
Obviamente, cuando inicié creo que a duras penas mi mamá y mis amigos me leían… Hoy, con la atención que aún no acostumbro a tener, me leen más personas, así que quiero aprovechar esa atención para ayudar a alguien, poder hacer algo por alguien.
Todos tenemos algo que nos avergüence  que nos entristece, que nos lleva a pensar sobre la vida y es nuestro derecho expresarnos. Si yo me expreso, espero que la gente no se guarde las cosas, que se expresen, que piensen, que razonen, para poder curarse.
Escribir no solo sirve para desahogarse, escribir también cura… Y cuando estás curado, puedes vivir mejor, porque no tienes más penas ni cargas que llevar contigo.
That’s All.

Soy fea…

Les voy a contar un secreto:
Desde niña, las personas a las que no les caigo bien me han dicho que soy “fea”. 
Nací con catarata congénita, un síndrome hereditario. Me operaron cuando era bebé, producto de eso he usado lentes gruesos toda mi vida. No les puedo contar la cantidad de lentes de contacto que perdí cuando era chica, mi papá gastó muchísimo dinero en eso. Recuerdo que cuando era bebé. mis papás mandaban a pedir mis lentes a Estados Unidos… Está situación era muy rara en el país allá por 1990. 
Según mi mamá, un niño y yo eramos los primeros en padecerlo en Ecuador. Aunque a mi no me importaba, mi infancia fue feliz… tuve los mejores abuelos del mundo, mis tías me adoraban, mis papás me engreían y me daban todo lo que quería, no necesitaba más, no quería más.
Todo hasta que llegó el jardín.
Cuando estás en el jardín, los niños son muy crueles, te dicen cosas muy feas. Así fue como me gané apodos como “topo”, “cuatro ojos”, “fea”, etc. Una vez llegué a casa llorando luego de que un niño me había dicho que se me veían los “ojos grandísimos”, le conté a mis papás todo… Y mi mamá me dijo la mejor frase que me han dicho nunca: “A tí se te quita operandote de grande y dejando de usar lentes, la imprudencia de ese niño será su karma para siempre. La brutalidad no se quita”.
Las cosas mejoraron mucho desde ese día, respondía, reclamaba. Una vez le pegué a un niño que se atrevió a ponerme apodos otra vez. Nunca fui “el tipo de belleza” que está establecido… Solía decirle a mis papás que tenía “lo peor de los dos”, no era blanca ni guapa como mi mamá, tenía un pelo feo y mi mamá me había heredado sus cachetes. Mis facciones eran gruesas y para variar, tenía problemas con mi peso, de hecho, aún los tengo.
Las cosas no mejoraron cuando fui a la escuela, sin embargo, me di cuenta que todo está en la actitud. Hice buenos amigos que incluso conservo hasta ahora… pero siempre fui eso, “la cuatro ojos”, o como les dio por esa época, “Betty la fea”, porque estaba de moda.
En el colegio me cabreé… Adelgacé, usé lentes de contacto, me maquillaba y tuve muchos novios. Pero estaba incomoda, yo no era eso… yo no era una cara bonita con aire en el cerebro, yo era un persona que argumentaba, independiente, valiente, adicta a los libros y no al maquillaje, eso no era para mí.
Cuando me gradué, dejé de comprar lentes de contacto, me chanté mis lentes gruesos, me vi al espejo y lo supe: Soy fea, según la gente, pero soy más que eso. Soy un cerebro, un corazón… Tengo gente que me importa, soy querida por muchas personas. Soy fea, sí, pero tengo estilo propio. Soy fea, sí, pero tengo personalidad.
Qué chucha, soy fea, pero tengo valores, soy amable, buena persona o al menos trato de serlo. Leo noticias, leo libros, me educo y trato de transmitir mis pocos conocimientos, cuido seres vivos que me dan mucho amor, como lo son los animales. 
Qué chucha, soy fea, tengo problemas con el peso, siempre los he tenido, mi cuerpo no es perfecto, pero la gente no me ha querido por eso, sino por mi capacidad de razonar y de argumentar y demostrar lo que quiero.
Soy fea, pero inteligente y cuando sea vieja, la gente me recordará por mi cerebro y no por mi fisico. Esa es la razón por la que no me importa el fisico de los demás, para mí las personas son más que algo físico, son personas… y eso, a la larga, es lo que te va a durar hasta que te mueras.
Soy fea, sí… pero acá le llaman confianza en uno mismo y luchar por lo que se quiere siempre. 
Recuerda, el fisico se arregla, pero tu cerebro siempre será así, ese no se quita.
That’s All.

Hablemos de lo que no demuestro…

Siempre he sido una persona con gustos raros. Nunca me ha gustado lo común o lo corriente, siempre es algo que se adapte a mí. Y eso se ajusta a los hombres también…
Al momento puedo decir que ningún novio que he tenido a lo largo de mi vida se ha parecido a otro. Todos son diferentes físicamente hablando, pero todos tienen una misma característica: son inteligentes. Quizás pueda decir que no he estado siempre con hombres agraciados, pero de algo sí estoy segura: siempre he estado con hombres brillantes.
Yo me enamoro del cerebro de las personas, de los hombres que en una conversación te atrapan, que son capaces de argumentar y argumentar con hechos. Me enamoro de hombres que saben lo que quieren… Sin embargo, yo nunca sé demostrar lo que quiero.
Y ahí está el problema, ¿Cómo le haces saber a alguien que estás pensando más en él de lo que estás acostumbrada?, ¿Cómo sobrepasas los límites?, nunca lo supe, siempre creí saberlo… pero la verdad es que me dejaba llevar. Y ahora que tengo la oportunidad de demostrar, demuestro lo opuesto, lo que no quisiera que vean de mí. 
Quisiera ser esa mujer súper profunda que la gente cree que soy, quisiera demostrar y abrirme y decir todo lo que está en mi mente, pero me limito porque no sé cómo va a reaccionar esa otra persona. No es igual hablar de lo que te ocurre todos los días a hablar de lo que pasa por tu mente…. Quisiera dejarme llevar otra vez, pero tengo miedo. Tengo miedo de que lo que vean no vaya a gustar.
Ya al diablo, seré una vieja solterona de ochenta años con seis gatos.