Memoria selectiva…

Los amores juveniles son así. Obsesivos, absolutos: a todo o nada. // Cielo Latini – Abzurdah.

Anoche me desvelé leyendo “Abzurdah” una obra de Cielo Latini.
Y aunque nunca he padecido de un transtorno alimenticio, la obra me llegó mucho.
Me sentí terriblemente identificada, empecé a leer el libro a las 10pm y no paré hasta que dieron las 3am y lo había terminado. Sin contar que tenía que levantarme a las 5:30am para ir a clases, estoy escribiendo este post con mis últimas fuerzas y con un cargo de conciencia terrible ya que no he hecho el deber de estética, pero eso es otro asunto.
Les contaba sobre por qué me había sentido identificada con el libro de Cielo, donde todo se resume a la obsesión que tuvo por Alejandro cerca de 8 años, ¡¡8 años!!, llegando al punto de sufrir un trastorno crónico como la anorexia nerviosa, solamente por captar la atención.
… por sentirse querida, por sentirse amada en los brazos de aquel hombre que no le correspondía ni le corresponderá.
Las idas y vueltas de Alejandro sólo significaban una cosa: Sexo. Y Cielo lo sabía, pero albergaba la leve esperanza de que el se decidiera por ella, que recordara lo “maravilloso” que había sido la vida a su lado.
Me sonaba tan conocida aquella historia.
(….)
También me percate de un error que Cielo no tuvo en cuenta, la mayoría del tiempo en el libro le echa la culpa a Alejandro de sus penas, cuando todo se pudo haber solucionado tomando la decisión más salomónica: Dando todo por terminado.
La diferencia entre ella y yo es que estuve a tiempo de pararlo, pero el sentimiento de obsesión caló dentro de mí como piel desnuda en agua helada del Océano Atlántico. Lo sentía en carne viva, sentía en mi piel una frustración demasiado grande que sólo se compensaba sabiendo que esa persona lo estaba pasando mal.
A veces, aún ahora, trato de no desear males. Recuerdo que soy terriblemente dichosa, que tengo a la persona que tengo a mi lado, que me pasan cosas increíbles a diario y no soy la misma chica de hace tres años.
… Tres años.
Algunas ocasiones no puedo evitar verme con asombro al espejo y no reconocerme, aún hay ocasiones en las que veo su rastro como una herida dentro de mí.
Y no es amor, ni ningún sentimiento en particular, más bien, es esa clase de heridas que tienes y no se te irán ni usando Cicatricure, pero no duelen, simplemente están ahí, recordándote que sucedieron.
Hoy mientras hablaba con mi novio de esto – Sí, aquel maravilloso hombre que llegó en el mejor momento de mi vida tiene conocimiento de cada uno de mis miedos aún mejor que yo misma – le decía que había momentos en que trataba de recordar.
Trataba de reconstruir pedazos de aquella historia y simplemente me tropezaba con el vacío, ya no estaban, se habían ido los recuerdos.
No sé hasta que punto eso sea bueno o malo, pero con el pasar del tiempo me he dado cuenta que mi memoria borra todo aquello que no le hace bien, que me lastima y es quizás ahí donde se encuentre la respuesta de porque perdonaba una y otra vez.
No recordaba lo vivido, me perdí.
That’s All.